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¿Y ahora qué?

El día 13 de marzo de 2018 publicamos una nota en Superávit titulada ¿Inflación y Dólar hacia arriba?. Si bien no esperábamos la corrida agresiva que terminó ocurriendo durante mayo (y que todavía posiblemente no acabó), ya se vislumbraba que las variables mostraban un camino hacia la depreciación del peso, que es lo que causa la suba de los precios en la economía (uno de los cuales es el precio del dólar).


Del 13 de marzo al 22 de mayo las reservas internacionales del BCRA pasaron de 62.390 millones de dólares a 54.262 millones de dólares (8 mil millones de dólares menos) mientras que el tipo de cambio pasó de 20,18 pesos por dólar a 24,36 pesos por dólar[1]. El stock de LEBACs apenas subió medido en pesos: pasó de 1.265.422 millones de pesos a 1.276.104 millones de pesos, pero cuando medido en dólares, representaban 62.706 millones al 13 de marzo y pasaron a representar 52.385 millones de dólares ya para el 22 de mayo. Prestar atención a la coincidencia con la posición de reservas internacionales del BCRA.


Si bien el Banco Central mantiene una posición donde puede contener corridas, su posición se vuelve cada vez más endeble. La dinámica de la inflación y el dólar en Argentina está todavía orientada al alza, de no haber cambios sustantivos en la política económica del gobierno. El problema excede a la institución antes mencionada: necesita que los gobierno nacional, provinciales y municipales eliminen de cuajo el déficit fiscal con la mayor velocidad posible, para que le quiten presión a la dinámica inflacionaria. Si lo harán o no está en por verse, este es un momento de negociaciones y definiciones.


De no observar una sustancial baja de los gastos del Gobierno -en todos sus niveles- con partidas identificables y donde se verifica que las bajas de gastos en un lado no son compensadas con aumentos de gastos en otra repartición, el Gobierno deberá seguir emitiendo mucha deuda para que sus números cierren.


Esas tomas de deuda se harán con el mecanismo descripto en la nota del 13 de marzo[1]o Argentina deberá volver al mercado internacional a pedir prestado, metodología que ha mostrado señales de agotamiento por la enorme cantidad de emisiones de deuda que llevó adelante el país en los últimos años.


La salida que queda es asistir al Fondo Monetario Internacional, que si bien ha ponderado de forma positiva, al menos discursivamente con su tono políticamente correcto, el gradualismo y el rol social del Estado, no querrá convertirse en un parche transitorio de una política fiscal inviable. El Fondo reclamará un cambio sustancial en el sendero de la ejecución de las cuentas públicas, cambio que al parecer abriría una luz de esperanza respecto al posible encauzamiento, más que nada debido al agotamiento de alternativas para seguir financiando un gradualismo que el mercado interpreta va demasiado lento.


[1]Dólar de referencia del BCRA, Com. 3500.

[2]El ministerio de Finanzas emite bonos en pesos para que los tenedores de LEBACs no las renueven y vayan a títulos del tesoro, que financian gasto público, metiéndole presión a los precios o al BCRA para que los vuelva a esterilizar.