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"La dictadura" del interés compuesto


Un caso típico de ahorro entre los argentinos es comprar dólares y meterlos en alguna caja de seguridad, bajo el colchón o en algún sitio seguro.


Si hubiéramos ahorrado 100 dólares por mes comenzando en enero de 2008, y los hubiéramos guardado en una alcancía, al día de hoy tendríamos la suma de USD 12.400.

Ahora bien, si esos mismos 100 dólares por mes los hubiéramos destinado desde 2008 a la fecha a la compra de un bono argentino en dólares como el DICA, y hubiéramos reinvertido los cupones de intereses que nos pagó desde aquel momento hasta la fecha de hoy, en nuestra cuenta habría inversiones por el valor de USD 28.670.


Eso es, 2.31 veces más dólares que si los hubiéramos ido guardando en el colchón.

La frase que da título a la nota fue pronunciada por el ex ministro de economía Axel Kicillof en una de sus tantas intervenciones con los medios por la saga del juicio con los holdouts. En sí, el juego de palabras tiene un trasfondo político, pero para las finanzas es algo simplemente matemático: si coloco un cierto dinero a interés, cuando me los paguen podría colocar esos intereses nuevamente a interés… generando intereses sobre los intereses cobrados. Eso es el interés compuesto.


En largos períodos de tiempo, esta reinversión de intereses más el devengamiento de los intereses del bono, préstamo o el instrumento que sea, generará diferencias grandes contra el capital inicial.


No se trata de una dictadura, sino de una simple cualidad aritmética.


Ahora bien, dado que el interés compuesto existe, ¿cómo podemos aprovechar su existencia? Superávit.