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La aspiradora norteamericana

Son épocas tumultuosas las que estamos viviendo tanto a nivel económico, como en términos de las finanzas personales. Lo peor que uno puede hacer en la vida es operar bajo la ignorancia. Es por eso que hoy vamos a mostrar indicadores de índole macroeconómica para intentar aportar algo de luz dentro del mar de confusión que nos arrastra.



Preguntarse qué está mal con la Argentina sin entender el contexto es un ejercicio totalmente inútil y hasta irrelevante. Puede haber desajustes internos -tanto en el frente económico/financiero como en el político- pero también existe una fase específica que están “sufriendo” los países emergentes, que resulta imposible de ignorar. Todo empieza por el gran país del norte: Estados Unidos de América. Su Banco Central (la Reserva Federal) empezó un ciclo de alza en la tasa de interés de referencia[1] allá por fines del 2015. La misma se situaba en una banda entre 0% y 0,25%. Hoy, luego de 7 alzas, la banda se encuentra entre 1,75% y 2%. Entre las consecuencias se encuentra el aumento del costo de oportunidad del dinero a plazo. En criollo, sale más caro pedir prestado. Para todo el mundo. Como se aprecia en el gráfico 1, la tasa efectiva comenzó a subir (línea azul), y el costo del endeudamiento para el gobierno americano siguió dicho sendero alcista (línea verde para la tasa a 2 años, línea roja para la tasa a 10 años).

Gráfico 1. Tasas de interés americanas. Fuente: Reserva Federal, USA.


¿Qué efecto tiene esto? Dado que Estados Unidos es la primera potencia mundial, y tanto su economía como su mercado financiero son una referencia para el resto del mundo, los inversores están constantemente midiendo su costo de oportunidad versus el riesgo y retorno de los bonos del tesoro americano. Entonces, que se encarezca la tasa a la que se endeuda los Estados Unidos implica que también los inversores empiecen a exigir una mayor tasa de retorno al resto de las inversiones. En nuestro caso, al ser un país emergente[2], encima la situación puede verse agravada al ser considerados, vis a vis, más riesgosos.


Si bien el proceso arrancó de alzas en las tasas hace ya más de dos años, en los mercados financieros muchas veces los temas pueden pasar desapercibidos, hasta que escalan a primer lugar en el listado de preocupaciones para los inversores. Durante 2018 ha sido el caso para los emergentes en general, y la Argentian en particular. Como se aprecia en el gráfico 2, los niveles de riesgo país se incrementaron en promedio 20% para los países emergentes, y más del 40% para Argentina.


La respuesta a este miedo es tanto una depreciación de los tipos de cambio como caídas en los valores de los activos financieros, consecuencia del famoso flight-to-quality[3]. Los niveles de respuesta por parte de los inversores pueden apreciarse tanto en el gráfico 3 (tipos de cambio de países emergentes versus dólar) como en el gráfico 4 (precio del ETF que agrupa a las acciones de países emergentes). En términos de tipos de cambio, todos se han depreciado en lo que van del año. Algunos sensiblemente menos -peso mexicano- mientras que otros sensiblemente más -peso argentino-. En cuanto a las acciones, muestran en promedio caídas del 18% en dólares para lo que va del año.

Gráfico 3. Tipos de Cambio de países emergentes. Referencia: Las velas es el Peso argentino, la línea celeste el Real brasilero, la línea rosada el Peso mexicano y la línea púrpura la Lira turca.


Gráfico 4. Precio de EEM, un Exchange Traded Fund que agrupa acciones de países emergentes.


Para concluir, podemos apreciar que los eventos generalmente no se dan “en el vacío”, sino que son parte de un contexto. Es relevante también considerar que el gobierno de los Estados Unidos de América está expandiendo su gasto público, y ha decidido financiarlo con deuda. Es así como se explica que “la aspiradora americana” nos hace sentir la menor cantidad de dólares que andan dando vuelta por nuestras economías.


[1]Y hasta hace muy poco incluso fronterizo.

[2]La tasa de interés al más corto plazo, 1 día.

[3]Término en inglés para denominar a la huída de capitales, desde economías emergentes (y más riesgosas) a países desarrollados (y percibidos como menos riesgosos).