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De la euforia a la depresión

Actualizado: 3 may 2018

Muchas veces los sucesos macroeconómicos tienen que ponerse en contexto para poder entenderlos. La última de las ‘discusiones candentes’, sobre la cuál sí o sí hay que tener opinión y veredicto, es la suba de las tasas de interés y cómo esto terminaría impactando en los mercados accionarios (como asset class riesgoso por antonomasia). Es por ello que embarrarse un poco más en datos no es malo, a los fines de poder tomar mejores decisiones financieras.

En primer lugar, parece haber consenso respecto al fin del “supercycle bull market” para los instrumentos de rentasfija. ¿Qué es esto se preguntará? Un ciclo de largo plazo de bajas de tasas de interés, que se inició a principios de los ’80, cuando Paul Volcker[1]subió las tasas de referencia para controlar una inflación que superaba por primera vez el dígito[2]. Como puede apreciarse en el siguiente gráfico, a partir de entonces, las tasas no hicieron más que caer, con la consecuente revalorización del mercado de bonos en general.

Pasado dicho piso, todo parece indicar que el ciclo parece terminarse. Predecir los nuevos niveles de tasas de interés es muy complicado, pero lo que es menos arriesgado de predecir es que la rentabilidad a las inversiones en renta fija -en general- han de ser menos jugosasde lo que fueron en los últimos 30 años, puesto que el recorrido de las tasas parece, por lo menos, haberse estabilizado.


Entre los argumentos preferidos para una tendencia alcista en las tasas de interés están un mundo hiper-endeudado, gobiernos con déficit fiscales monumentales, y bancos centrales empezando a implementar políticas monetarias restrictivas para prevenir “sorpresas” por una inflación potencialmente reprimida. Ahora la pregunta es cómo ha de impactar esto en el apetito por riesgo de los inversores y por ende en los mercados accionarios.


Para ello daremos dos argumentos contrapuestos. Empecemos por el optimista, dado los datos empíricos. Los niveles de tasas desde los cuales partimos hacen creer que, de no mediar una suba descontrolada de tasas, se puede seguir obteniendo retornos interesantes en los mercados accionarios a pesar de dicho contexto. Por ejemplo, tomando datos desde 1971 a la fecha, tal y como muestra el siguiente gráfico, la correlación entre subas de tasas de largo plazo y subas de los índices accionarios son positivas (para niveles de tasa menores al 4/5%). Los inversores no parecen penalizar esta clase de escenarios, viéndolo saludable para controlar la trayectoria de la economía y evitando recalentamientos no deseados.

Ahora pasemos al argumento pesimista. Gran parte de las subas en los mercados accionarios en estos últimos años han estado motorizados por acciones del sector tecnológico[1], con valuaciones más elevadas. Teniendo en cuenta que uno valúa las acciones en función de los flujos de dinero que puedan generar en el futuro, niveles de tasas de interés bajo hacen que descontar 50 años hacia adelante tenga sentido. Sin embargo, con niveles de tasas altos, el valor presente de un flujo dentro de 50 años es despreciable. En términos simples, nos volvemos cortoplacistas, priorizando flujos más cercanos en el tiempo. En ese contexto, es una gran incógnita cómo han de responder las valuaciones de muchas de las empresas que han sido catalizadores de este mercado alcista (y por ende también sus precios).


Como quien diría, la mesa está servida, puede que el plato que se sirve sea su preferido o no resulte de su agrado. De todas formas, creemos haberle acercado algunos utensilios como para poder proceder. ¡Buen apetito!



[1]Presidente de la Reserva Federal por ese entonces.

[2]Llegó a marcar 14,6% en su pico máximo.

[3]Se ha acuñado el acrónimo FAANG, por las empresas Facebook, Amazon, Apple, Netflix y Google, siendo una estrategia muy rentable comprar estos componentes. Dicha estrategia superó ampliamente la rentabilidad del mercado en general, a pesar de que esta última ha estado por encima de su media histórica en los últimos 8 años.