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Cómo la inflación moldea al mercado de capitales

En momentos donde la inflación es alta (no solo a nivel absoluto -rozando el 32% interanual- sino también en términos relativos -prácticamente duplicando las expectativas-), si se le pregunta a una persona que maneja una empresa si tomaría un préstamo en pesos al 50% de tasa de interés anual, lo mas probable es que no lo haga: puede ser que no “le den los “números” de la producción que debe hacer para repagar la deuda.

El motivo es simple: quien tiene que producir y vender no siempre sabe a ciencia cierta cuánto va a vender y si va a poder hacerlo a un precio que sea el valor de contado del momento de la decisión, más la inflación que haya desde que lo produce hasta que se lo pagan.


Esa falta de negocios lleva a que la oferta de fondos, por lo general, se canalice hacia otro segmento: la financiación al consumo.


Aquí se juntan dos componentes: por un lado, a una persona no le conviene ir guardando pesos hasta que junta lo suficiente para comprar, por ejemplo, una heladera. En cambio, puede ver atractivo pagar una “módica” cuota fija en pesos para hacerse de ella (así tenga que terminar pagando un monto muchísimo mayor que si hubiera cancelado el monto de la heladera de contado o el costo financiero involucrado sea sideral).


Las cuotas fijas en pesos con “0% de interés”, son un artilugio de ventas: pocas personas pueden juntar 10 o 20 mil pesos y comprar Smartphone pagando al contado, pero muchos pueden pagar 24 cuotas de 1.300 pesos… lo que equivale a pagar más o menos 50% de interés anual por un teléfono de 20 mil pesos (lo que el productor había rechazado).


Bajar la inflación resulta fundamental para que el crédito fluya hacia actividades productivas, en detrimento de la financiación al consumo: las personas, con una inflación baja, podrán ahorrar más, guardándose fácilmente los pesos 2 o 3 meses hasta poder juntar la suma necesaria para pagar por sus consumos. De esta manera los bancos verán menor demanda de créditos al consumo y ya no deberán pedirles una tasa nominal tan alta a los productores de bienes, para extenderles líneas de crédito.


La batalla contra la inflación: fundamental en una agenda económica con un serio compromiso con la generación de riqueza.